26 junio 2019

Biodiversidad, sustento y culturas: Honor a quien honor merece

Dibujo: Rini Templeton
by Silvia Rodriguez Cervantes

Hace 25 años, en septiembre de 1994, nació la revista. En ese entonces se llamó Biodiversidad, Cultivos y Culturas bajo la iniciativa de GRAIN (Barcelona) y de Redes-Amigos de la Tierra (Uruguay). En su primera página formulaban una invitación a los lectores señalando que “por la magnitud de las fuerzas económicas y políticas que hoy sustentan la industria biotecnológica, sólo pueden ser contenidas y desmontadas a través de una colaboración amplia y multifacética”.

Desde sus inicios, la publicación hizo honor a esa invitación proponiendo ser un medio para “…compartir información, conocimientos, experiencias, preocupaciones y acciones para recuperar la autogestión no sólo de la biodiversidad agrícola, sino también de las culturas que la sustentan [ya que] la biodiversidad y la diversidad cultural son sinérgicas”.

Los primeros números fueron en gran parte traducciones al castellano de artículos del boletín bimensual Seedling de GRAIN, publicado en inglés desde 1990; sin embargo, las preocupaciones y perspectivas propias de nuestro continente estuvieron también allí plasmadas. Entre otros autores, leíamos desde entonces artículos de Carlos Vicente (Argentina), Ángela Cordeiro (Brasil), Mario Mejía y Germán Vélez (Colombia), Eduardo Gudynas y Silvia Ribeiro (Uruguay), Camila Montecinos (Chile). Al poco tiempo artículos específicos latinoamericanos empezaron a dominar el contenido de la revista que también modificó su nombre pasando a ser Biodiversidad, Sustento y Culturas a partir del número 9/10 de diciembre de 1996. Igualmente, se abrió el espacio para la difusión de encuentros, declaraciones y propuestas generadas en América Latina y el Caribe.

El comité editorial, el comité asesor, la editora y el encargado de la edición

En las primeras 16 revistas (a junio de 1998), el comité editorial estuvo integrado por Nelson Álvarez, Karin Nansen, Silvia Ribeiro y Carlos Vicente, en representación de las dos organizaciones fundacionales. Este comité se vio reforzado en septiembre de 1998 con la instauración de un comité asesor, luego de una reunión realizada en Montevideo a la que asistieron representantes de Brasil, Chile, México, Colombia, Argentina y Costa Rica. El dar cabida formal a nuevos enfoques e inquietudes, formalizó el carácter y la dirección latinoamericana de la revista.

Mención especial queremos hacer al trabajo y dedicación de Carmen Améndola (Uruguay), editora de la revista desde junio de 1999 (núms. 19/20) hasta mediados de 2006 cuando por desgracia falleció tras una penosa enfermedad. Ahora que estamos celebrando la publicación número 100 de la revista, queremos hacer un sentido homenaje a su memoria. A partir del número 50-51, en enero de 2007 y hasta nuestros días, Ramón Vera-Herrera se encarga de la edición. Desde entonces todas las revistas salen a la luz pública con una puntualidad digna de reconocimiento e incluyen siempre un artículo editorial que orienta al lector en cuanto a su contenido e importancia. Dejó de aparecer en la portada el cintillo que marcaba los auspicios de GRAIN y Redes aunque siempre hemos seguido contando con su apoyo. El consejo asesor pasa a ser un amplio comité editorial al que se unieron representantes de Ecuador y Paraguay. Algunos miembros forman parte de organizaciones de peso internacional como la Vía Campesina, ETC, GRAIN, Amigos de la Tierra; otros cuentan con largas historias de lucha dentro de la ecología social en sus respectivos países y todos bajo la cobertura de la Alianza por la Biodiversidad. Se estableció la administración de la revista en manos de Lucía Vicente.

A ellos y ellas, muchas gracias por su trabajo y dedicación y un recuerdo cariñoso a quienes ya no forman parte de la revista ni de la Alianza.

La revista impresa y en línea

Al inicio la revista se imprimía en Uruguay, enviada gratuitamente por correo ya fuera por suscripciones individuales o en paquetes a los países del consejo asesor para su distribución regional. Por dificultades económicas esto no es posible hacerlo para todos los números, pero su difusión trimestral se logra por internet, con el gran apoyo que siempre sigue brindando el sitio de GRAIN (Barcelona) y el de Acción por la Biodiversidad (Argentina) en donde se encuentran todos los números de la revista. Ahora se imprime en cada país donde hay organizaciones de la Alianza, se distribuye en mano en encuentros, talleres y visitas a las comunidades y organizaciones donde la gente la lee. No podemos dejar de mencionar la revista 80, de abril de 2014, que tratamos de imprimir ampliamente porque con ella celebramos “Veinte años de lucha”, con una reunión de la Alianza en Costa Rica.

Reconocimiento las autoras y los autores de contribuciones que han dejado y están dejando huella al andar

No quisiera repetir los asuntos que han sido constantes en los cien números de Biodiversidad y de los cuales se hizo un apretado recuento en la revista 80. Sólo quiero recordar y comentar unos pensamientos que Silvia Ribeiro hizo en ese entonces en su artículo “Guerra Corporativa x 20” y enlazarlos con el momento actual. Silvia nos decía que cuando nació la revista en 1994, “no había transgénicos plantados comercialmente en ningún país. Monsanto no estaba entre las mayores semilleras. No existía la OMC, ningún país estaba obligado a establecer leyes de propiedad intelectual (PI) sobre seres vivos, ningún país latinoamericano era miembro de la UPOV, ni había leyes Monsanto ni de bioseguridad”. Sin embargo, agregó, ya la amenaza de que todo esto estaba más que latente y se venía venir con enorme fuerza y carácter destructivo del sustento y las culturas de nuestros pueblos.

Había ya el conocimiento y la preocupación de las pioneras y los pioneros de la revista sobre esa amenaza presente en las discusiones comerciales de la Ronda de Uruguay (que desembocaría en la OMC); de los acuerdos que se venían gestando desde los años sesenta para establecer los derechos de obtentor en la incipiente UPOV y en los años ochenta y noventa los derechos de los fitomejoradores en el Tratado de Recursos Fitogenéticos de la FAO. Todos esos “derechos” contrastaban con las débiles propuestas de los derechos de los agricultores y las iniciativas contra las semillas campesinas que empezaban a ser “congeladas” en sentido real en los bancos de germoplasma y en sentido figurado con la amenaza de la propiedad intelectual (PI).

Los iniciadores de la revista tenían también conciencia clara del peligro inminente acuerpado por las grandes transnacionales, de los efectos que tendría la biotecnología moderna en la agricultura con sus productos transgénicos, basados en el uso de herbicidas y protegidos por PI. Igualmente la revista alertó desde un principio sobre los cantos de sirenas adormecedores del pensamiento crítico por sus promesas falsas, tales como la creación alternativa de PI sui generis, la “distribución justa y equitativa” de los beneficios de la biodiversidad, las grandes ventajas de los transgénicos y la agricultura comercial. Todas esas fantasías, se hacía notar, estaban subsumidas en los tratados comerciales y hasta en los tratados de supuesta protección de la agrobiodiversidad y la biodiversidad silvestre. Así, la revista se constituyó en un medio precursor que estudió, desenmascaró y difundió todas esas promesas, así como secundó las soluciones de grupos campesinos, pueblos indígenas y colectivos ecologistas. Las luchas continentales en contra de los transgénicos y de los tratados y leyes nacionales de semillas son sólo una muestra de ellas.

A la par de todas esas preocupaciones que siguen siendo materia de difusión en la revista, ahora han empezado a emerger otras provenientes de la “modernización” de los tratados de libre comercio; las nuevas tecnologías como la biología sintética; la nueva biopiratería ahora con el control de los recursos genéticos de los bosques, selvas y fincas campesinas por medio de la información digitalizada; y la nueva amenaza para privatizar distintas expresiones del “folclore” utilizando una supuesta PI colectiva sui generis.

Ante estos retos, la posición firme de la Alianza Biodiversidad es seguir investigando, dialogando y proponiendo acciones concretas siempre al servicio de los pueblos y comunidades.

Fuente: GRAIN

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