lunes, 28 de octubre de 2019

La soberanía alimentaria es la única solución al caos climático en África

Procesamiento de una variedad local de arroz en una cooperativa de mujeres en Dioro, Mali.
Foto: FAO/Michela Paganini
by GRAIN

La convergencia de la crisis climática y el aumento de las importaciones de alimentos en África es la receta perfecta para una catástrofe. A no ser que se tomen medidas para desarrollar sistemas alimentarios locales y se revierta la creciente dependencia de las importaciones de cereales y otros alimentos básicos, se repetirá la crisis alimentaria del 2007-2008, que originó serios disturbios por la comida en todo el continente, una y otra vez, con mayor severidad. Los gobiernos africanos y los donantes desperdiciaron la década pasada en programas y políticas fallidas por apoyar a los agronegocios corporativos e hicieron muy poco para oponerse de manera eficaz a sus importaciones de excedentes subsidiados de materias primas agrícolas, lo que provocó un aumento en la emisión de gases con efecto de invernadero y destrucción de la biodiversidad. Ahora, los movimientos en pos de justicia climática y quienes producen alimentos en África deben, de modo urgente, unir fuerzas para dejar de depender de las importaciones de alimentos y hacer realidad la soberanía alimentaria en todo el continente como una respuesta a la crisis climática.

Para África, la crisis climática es una crisis alimentaria

Es preocupante el pronóstico alimentario para las próximas décadas en África. El continente necesitará más alimentos para enfrentar una el aumento de población que, según proyecciones de Naciones Unidas, crecerá de mil 200 millones a mil 700 millones durante la próxima década.[1] Pero mientras siga avanzando la demanda de alimentos, los crecientes efectos del cambio climático harán más difícil la producción de alimentos en el continente. Los cálculos son que el calentamiento podría causar reducciones de 10% a 20% de la producción total de alimentos en África.[2]

Si nada se hace para revertir este curso, las importaciones de alimentos en África se dispararán. El Banco Africano de Desarrollo espera que las importaciones netas de África se tripliquen de aquí a 2025, llegando a más de 110 mil millones de dólares.[3] Naciones Unidas predice que África podría producir apenas 13% de sus necesidades alimentarias para 2050.[4]

Los países africanos están ya muy conscientes de cuan vulnerable los deja esta dependencia de las importaciones alimentarias. En 2007, una serie de desastres climáticos en Asia originó una sucesión de acciones que provocaron un brusco aumento del precio del arroz en el mercado internacional, con un efecto de reverberación sobre otros cereales.

Para África, que asume cerca de un tercio de las importaciones globales de arroz y trigo, fue un duro golpe. El súbito aumento de los precios fue demasiado para millones de africanos y los disturbios por comida estallaron por todo el continente, desde Ougadougou al Cairo, de Maputo a Abidjan y de Dakar a Nouakchott. En Nairobi una protesta en contra del alza de precios de los alimentos básicos, llamada la “Revolución Unga” (la revolución de la harina de maíz), se inició en 2008 y duró hasta 2011.[5]

El cambio climático hará que estas alzas repentinas de los precios en los alimentos sean más frecuentes y provocará en aumentos los precios de las materias primas agrícolas. Consideremos al maíz, una de las materias primas agrícolas que más se comercia en el mundo y un alimento básico importante para la mayoría de África. Hasta hace poco, los rendimientos del maíz en las principales áreas productoras de maíz en el mundo eran relativamente estables y las reducciones de los rendimientos inducidas por el clima eran excepcionales. Con el calentamiento del planeta aumentaron las probabilidades de grandes pérdidas en los cultivos, así como la probabilidad de pérdidas simultáneas en grandes áreas exportadoras de maíz, como Norte América y el Cono Sur de América Latina. Investigadores del Departamento de Ciencias Atmosféricas de Estados Unidos calculan que la probabilidad de grandes pérdidas simultáneas en los países que son grandes exportadores de maíz, en cualquier año en particular, es virtualmente cero bajo las condiciones climáticas actuales, pero aumenta a 7 por ciento con un calentamiento de 2°C y a 86 por ciento con un calentamiento de 4°C.[6]

Si una serie de eventos lejanos, desastres climáticos aislados, fue suficiente para causar los disturbios por comida en toda África en 2007-2008, imaginen cómo será esto en las siguientes décadas si se profundiza la crisis climática y cientos de millones más de africanos dependen de las importaciones de alimentos básicos. Esto implica una crisis en curso, de proporciones épicas, que requiere una acción inmediata.

El futuro no tiene que ser así. Pueden tomarse medidas complementarias dentro y fuera de África para asegurar que África tenga la capacidad de alimentarse a sí misma en los próximos años. Sin duda, la crisis climática provocará (y ya está provocando) que la producción de alimentos en el continente sea más difícil y aumentará la frecuencia y severidad de los desastres climáticos, como las inundaciones y las sequías. Pero el alcance de este impacto puede aminorarse, en gran medida, si se efectúan reducciones, rápidas y profundas, de la emisión de los gases con efecto de invernadero en los principales países que los emiten.

Estas reducciones requerirán una profunda transformación del sistema alimentario global —cambiar el modelo que favorece la producción industrializada de materias primas baratas, que son procesadas y enviadas a África y a otras partes del mundo, por un modelo basado en sistemas alimentarios de producción agroecológica y local. En este sentido, los agricultores, pescadores y ganaderos nómadas africanos, son un ejemplo a seguir por el resto del mundo.

Ya están haciendo uso de métodos agroecológicos para mitigar y desarrollar resiliencia para enfrentar los climas extremos. Y son más que capaces de alimentar a todo el continente, aun ante la creciente crisis climática. Lo que requieren es el acceso, suficiente y apropiado, a la tierra, al agua, a los bancos de peces y semillas, en conjunto con políticas y programas que los apoyen y aseguren que el alimento llega dónde se necesita. Suena simple, pero estas medidas básicas hacia la soberanía alimentaria, precisamente, son las que no se están adoptando.

¿Cómo impactará el cambio climático a la agricultura africana?

Los modelos climáticos aún no son capaces de ofrecer una visión detallada de los impactos que el cambio climático tendrá sobre la agricultura africana. Los últimos informes científicos, sin embargo, coinciden en que el aumento de las temperaturas, el comportamiento errático del clima, los cambios en los patrones de las lluvias y un aumento en la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos impactarán negativamente la producción de alimentos a lo largo de la mayoría del continente. Los científicos también coinciden en que la producción de alimentos en África está particularmente en riesgo debido a la predominancia de la agricultura y los sistemas ganaderos pastoriles dependientes de la lluvia (de temporal), los cuales son muy vulnerables a la variabilidad de las precipitaciones y a las olas de calor generadas por el cambio climático. Predicen que el cambio climático causará estaciones de crecimiento más cortas, reducirá la fertilidad de los suelos, traerá nuevas plagas y enfermedades, menores rendimientos de cultivos y una disminución de la productividad animal y una reducción en las tierras agrícolas y de pastoreo en grandes áreas de África. También coinciden en que la producción de alimentos será afectada de manera más frecuente y más adversa por los eventos climáticos extremos.

Tales impactos ya se ha evidenciado con las inundaciones y ciclones de este año en Malaui, Mozambique y Zimbabue o la sequía que comenzó en Somalia y Somalilandia en junio de este año.[1] Como fue señalado por La Vía Campesina de Africa del Sur y Oriental: “Mientras que la discusión acerca del cambio climático a nivel global a menudo se centra en predecir las consecuencias futuras y la amenaza percibida del aumento de migración, sus efectos ya son experiencias vividas por los campesinos, mujeres rurales, la gente sin tierra y las comunidades originarias de África, quienes sienten el impacto del cambio climáticos todos los días.”[2]

[1] Ver: http://www.fao.org/3/I9553EN/i9553en.pdf; https://www.coordinationsud.org/wp-content/uploads/Innovations-agro--cologiques-Afrique-FR-VDebray-20151.pdf; https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2018/02/WGIIAR5-Chap22_FINAL.pdf; Laura Pereira, “Climate Change Impacts on Agriculture across Africa”, Oxford Environmental Science, marzo 2017: https://oxfordre.com/environmentalscience/view/10.1093/acrefore/9780199389414.001.0001/acrefore-9780199389414-e-292
[2] Esta cita está levemente modificada en relación al original en LVC-SEAf and Afrika Kontakt, “Peasant agroecology achieves climate justice: a primer,” mayo de 2018: https://viacampesina.org/en/wp-content/uploads/sites/2/2018/05/primer_english_print.pdf


Poner la autosuficiencia alimentaria de vuelta en la agenda

La dependencia de África de las importaciones de alimentos es un fenómeno reciente. En los años 80, bajo la presión de las antiguas potencias coloniales y las agencias multilaterales de crédito, los gobiernos africanos abandonaron la agricultura local, los sistemas alimentarios locales, abrieron la puerta a las importaciones masivas y a los envíos de ayuda de cereales y de otros alimentos básicos y canalizaron el apoyo estatal restante hacia unos cuantos cultivos rentables (algodón, café, cacao, aceite de palma, caucho, etcétera). El resultado fue que, entre 1980 y 2007, la producción de alimentos en África no estuvo a la par del crecimiento poblacional y su déficit de alimentos creció a un promedio de 3.4 por ciento anual. Durante este periodo, África pasó de tener un equilibrio entre las exportaciones e importaciones agrícolas a un déficit de alimentos de 22 mil millones de dólares.[7]

Es importante reconocer que la mayoría de estas importaciones de alimentos era para alimentos básicos, particularmente cereales como arroz, maíz y trigo y productos lácteos y cárnicos, lo que implicó que África ahora sea altamente dependiente de las importaciones de alimentos (y/o de la ayuda alimentaria) para poder garantizar su seguridad alimentaria.[8] Más aún, al momento del cambio de siglo, se consideraba que más de un cuarto de la población africana sufría hambre crónica.[9]

Gráfico 1. Tendencias de las importaciones
y exportaciones de alimentos de África.
Fuente: FAOSTAT, 2011. Disponible en
http://www.fao.org/3/a-i2497e.pdf
En 2003 los jefes de Estado africanos se reunieron en un primer esfuerzo por enfrentar con pertinencia esta situación intolerable. Lanzaron el programa Comprehensive Africa Agriculture Development Programme (Programa Integral de Desarrollo de la Agricultura de Africa) o CAADP, y se comprometieron a invertir 10 por ciento de sus presupuestos nacionales en agricultura y desarrollo rural.[10] Pero estos compromisos en papel no se tradujeron (y aún no se traducen) en suficientes acciones concretas.[11] Entonces vino la crisis global de alimentos de 2007- 2008. Con la población realizando protestas por los precios de los alimentos, los gobiernos africanos, una vez más, prometieron medidas urgentes para aumentar los suministros de alimentos y la producción doméstica, y algunos incluso prometieron traer de vuelta los días perdidos de la autosuficiencia alimentaria.[12]

Como secuela de esta crisis alimentaria, se emprendieron en África varias iniciativas importantes por aumentar la producción nacional de alimentos, muchas de ellas coordinadas estrechamente con donantes y agencias multilaterales extranjeras. Algunas de estas iniciativas son continentales, como la “alianza por la seguridad y la nutrición en África” del G8 o el o la estrategia Feed África del Banco Africano del Desarrollo. Otras son regionales, como la “Ofensiva del Arroz” de la Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental (ECOWAS), o nacionales como la “Gran Ofensiva Agrícola para la Nutrición y la Abundancia” (GOANA) lanzada por el ex presidente de Senegal, Abdoulaye Wade. Algunos gobiernos africanos también promulgaron medidas legales para frenar las importaciones de alimentos y apoyar la producción doméstica, lo que no estaba sobre la mesa antes de la crisis, como las reservas de alimentos, impuestos a la importación dirigidos a ciertos productos, cuotas, controles al intercambio con el extranjero e incluso prohibiciones a productos comestibles específicos.

Tabla 1. Algunas medidas para restringir el comercio de alimentos promulgada por los gobiernos africanos

País/Agencia
Medida
Año
Nigeria
Prohibición de divisas
extranjeras para las importaciones de arroz
2015
ECOWAS
Reserva Regional de Seguridad Alimentaria
2013
Zambia
Prohibición de importar ciertas frutas y verduras
2017
Egipto
Prohibición de exportar arroz
2008,
2017
Burkina Faso
Decreto exigiendo que los programas públicos adquieran alimentos locales
2017
Tanzania
Suspensión de las importaciones de arroz
2018

A pesar de los impresionantes nombres de estas distintas iniciativas, la mayoría se ha quedado corta en sus ambiciones. Ha habido algún aumento en la producción, pero las importaciones de cereales y otros alimentos básicos continúan aumentando en muchos países de África. Parte del problema es que estas iniciativas no han hecho lo suficiente por proteger la producción local ante la importación subsidiada de productos baratos. Muchas medidas fueron temporales, abiertas al abuso de los grandes comerciantes y traficantes o, simplemente, muy débiles. Respaldarlas se hizo con muy pocos recursos y no se logró hacer una diferencia. Más aún, muchos gobiernos africanos han firmado y/o están negociando tratados comerciales (incluido el reciente Tratado Continental Africano de Libre Comercio —AfCFTA) que hacen mucho más difícil la implementación de restricciones a la importación de alimentos y la protección para los productores locales de alimentos.[13]

Clima, alimentos y el Tratado Continental Africano de 
Libre Comercio (AfCFTA)

La prioridad central que guía al AfCFTA es crear un mercado de bienes y servicios único y completamente liberalizado en toda África.[1] El texto del acuerdo, adoptado formalmente en marzo de 2018, compromete a todos los países miembros a un proceso de liberalización rápido, profundo y total, que sólo cuenta con una pequeña ventana disponible para que los países excluyan aspectos sensibles o demoren la liberalización de sus aranceles.[2]

No existe un tratamiento especial para los productos agrícolas y los alimentos, a pesar de la importancia crítica del sector alimentario y agrícola en África. Tampoco se hace mención alguna del cambio climático, a pesar del enorme impacto que éste tendrá sobre África en las próximas décadas. Más bien, el AfCFTA restringe severamente las medidas comerciales y los programas domésticos que los gobiernos puedan implementar para proteger los sistemas alimentarios locales y para tomar acciones contra la crisis climática. Por otro lado, el AfCFTA contiene artículos específicos que consagran los “Acuerdos/Zonas Económicas Especiales”, en las que las corporaciones son liberadas de las obligaciones impositivas y otras leyes y regulaciones nacionales (leyes de tierras, leyes laborales, etcétera).

Se pondrán en la mesa de discusión ventajas adicionales para los agronegocios para la Fase II de las negociaciones, cuando se negocie un capítulo sobre derechos de propiedad intelectual, y que cubre las semillas. La tendencia en los acuerdos comerciales neoliberales es armonizar “hacia arriba”, hacia los estándares internacionales sobre patentes y derechos de obtentor que criminalizan a los agricultores por guardar semilla y no permiten la diversidad y las alternativas (que, como los programas de apoyo a los pequeños agricultores, requieren de agendas domésticas agresivas). En la segunda fase planificada para las negociaciones, por lo tanto, el AfCFTA probablemente incluirá alguna forma de obligación para los gobiernos para implementar una dura legislación de semillas, sobre patentes y derechos de los fitomejoradores, alineada con la UPOV.

El énfasis del AfCFTA en la liberalización y los privilegios corporativos socava e impide los programas y políticas domésticas que fortalecerían a los productores de alimentos a pequeña escala y a los comerciantes informales y vendedores callejeros de alimentos quienes son, actualmente, los principales actores del sistema alimentario en África. Será inevitable que se concentre mayor poder dentro del sector formal de los agronegocios y de los alimentos —que es dominado por corporaciones extranjeras y un puñado de compañías multinacionales africanas. Esto ya está ocurriendo bajo el actual marco comercial y bajo el AfCFTA empeorará en lugar de mejorar debido al aumento de la liberalización. Como lo señaló en forma simple el doctor Ndongo Samba Sylla de la fundación Rosa Luxemburgo en Senegal: “La agricultura, generalmente, no es un sector que debiera liberalizarse.”[3]

[1] El texto de AfCFTA esta disponible en: https://www.bilaterals.org/?afcfta-consolidated-text-march
[2] Para más información ver Jonathan Cannard, “The African Continental Free Trade Agreement: Loss of sovereignty, lack of transparency”, AIDC, 27 de mayo de 2019: http://aidc.org.za/the-african-continental-free-trade-agreement-loss-of-sovereignty-lack-of-transparency/ ; Peter Lunenborg, “‘Phase 1B’ of the African Continental Free Trade Area (AfCFTA) negotiations”, South Centre, junio 2019: https://www.southcentre.int/wp-content/uploads/2019/06/PB63_Phase-1B-of-the-AfCFTA-negotiations_EN-1.pdf
[3] Bilaterals.org, “Interview de Ndongo Samba Sylla”, marzo de 2018: https://www.bilaterals.org/?interview-de-ndongo-samba-sylla&lang=en


El modelo corporativo se desarma

El otro gran defecto de estas iniciativas posteriores a la crisis alimentaria, es su énfasis en los agronegocios. Durante la década pasada, los gobiernos africanos, a instancias de los donantes extranjeros, cambiaron las leyes y las regulaciones, concedieron exenciones de impuestos, repartieron tierras y dinero y establecieron zonas económicas especiales con la esperanza de atraer la inversión de las corporaciones agroindustriales. Pero, luego de diez años, es claro que esta estrategia no funciona. La inversión privada que fue prometida a cambio de estas políticas y repartos, ya sea bajo esquemas de contratos agrícolas o mejoramiento vegetal, o bien no materializó o falló de mala manera.[14]

Consideremos el caso del arroz. El arroz no es un alimento básico tradicional para la mayoría del continente, pero la urbanización y las importaciones baratas procedentes de Asia y Estados Unidos contribuyeron a un aumento acelerado del consumo en toda África durante los últimos cincuenta años. La producción no se ha podido mantener a la par con el consumo y hoy África importa cerca de la mitad de lo que consume, gastando aproximadamente 3 500 millones de dólares al año en importaciones de arroz.

Con el alza de los precios del arroz en entre 2007 y 2008, la clase política de África no tuvo más alternativa que tomar medidas para reducir la cartera de las importaciones. Pero cualquier esfuerzo que se pudiera tomar en favor de la producción local por sobre las importaciones tuvo que enfrentarse al poderoso cártel de las comercializadoras transnacionales y de las élites empresariales locales que controlan el lucrativo comercio de arroz en África. Entonces, en lugar de enfrentarse a estas fuerzas, muchos gobiernos africanos optaron por reclutarlos en sus estrategias para revitalizar la producción nacional de arroz.

Los cárteles del arroz perjudican los esfuerzos de producción a nivel local en Nigeria y Costa de Marfil

El gobierno de Nigeria impuso un arancel de 110% a las importaciones de arroz en 2013 con el fin de fomentar la producción doméstica. Pero le ofreció a las compañías comerciales cuotas con aranceles mucho más bajas si podían demostrar que estaban invirtiendo en la producción local de arroz. Las investigaciones realizadas por el Senado de Nigeria revelan que las compañías comerciales más grandes mintieron acerca de sus inversiones o excedieron las cuotas asignadas, provocando una pérdida para el gobierno de Nigeria de más de 160 millones de dólares en 2014, el año en que se implementó el sistema.[1] Cuando el gobierno abolió las diferencias comerciales e implementó controles al intercambio exterior para aumentar el bloqueo a las importaciones, los comerciantes desviaron sus embarques al puerto de Cotonou, en Benín, y el arroz fue contrabandeado por tierra hacia Nigeria.[2]

Aquellos comerciantes que están invirtiendo en producir arroz en Nigeria han dirigido la mayor parte de su inversión hacia sus propias grandes plantaciones de arroz. Éste es el caso de la compañía multinacional productora de alimentos de Singapur Olam, que desarrolla la mayor plantación de arroz de África, en una concesión de tierras de 10 mil hectáreas en Nasarawa.[3] Olam es una de las compañías que violó el sistema de reducción de aranceles del gobierno de Nigeria al exceder por mucho la cuota asignada, despojando al país de unos 25 millones de dólares.

Olam prometió también hacer inversiones de varios millones de dólares en el sector del arroz en Costa de Marfil, al inicio de la crisis del precio del arroz en 2007-2008, junto con varios otros grandes comerciantes en arroz.[4] Las inversiones de Olam nunca se materializaron. Tampoco cumplió los acuerdos para establecer molinos, campos de producción de arroz a gran escala ni los contratos de cultivos firmados entre el gobierno y cinco otras multinacionales comercializadoras de cereales como parte del Marco de Cooperación de Costa de Marfil con la Nueva Alianza del G8.[5] Todos estos proyectos fracasaron, incluido un proyecto de alto perfil, de 10 mil hectáreas, con uno de los mayores comercializadores de granos del mundo, Louis Dreyfus de Francia.[6] Mientras tanto, las importaciones de arroz en Costa de Marfil continuaron creciendo, alcanzando un nuevo record en 2018, y representan más de la mitad del suministro de arroz del país. Louis Dreyfus continúa dominando el mercado de las importaciones.[7]

[1] https://nass.gov.ng/document/download/9513
[2] https://www.premiumtimesng.com/news/headlines/195509-investigation-inside-the-massive-fraud-in-nigerias-n117billion-rice-import-quota-scheme.html ; https://shipsandports.com.ng/rice-import-ban-three-years/
[3] Los sistemas de producción de arroz por contrato de Olam con los agricultores de Nigeria han tenido un pobre resultado, a pesar del importante respaldo de USAID y el IFAD de Naciones Unidas. https://ageconsearch.umn.edu/record/245894/files/Revised_OLAM_Report_June_jms3.pdf
[4] https://www.ifc.org/wps/wcm/connect/a75e1c36-3889-4931-9ce1-49f33c428750/
https://www.ifc.org/wps/wcm/connect/a75e1c36-3889-4931-9ce1-49f33c428750/GAFSP_CountryDiagnostic_COTE+D%E2%80%99IVOIRE_ES.pdf?MOD=AJPERES&CVID=l9qXaja
[5] GRAIN, “El G8 y el acaparamiento de tierras en África”, 11 de marzo de 2013: https://grain.org/es/article/4666-el-g8-y-el-acaparamiento-de-tierras-en-africa
[6] Ver Inades Formation, “Étude sur le partenariat public-privé dans le secteur agricole en Côte d’Ivoire: le cas de la filière riz, dans le cadre de la.Nouvelle Alliance pour la Sécurité Alimentaire et la Nutrition en Côte d’Ivoire”, 2016: http://publications.inadesformation.net/download.php?f=.%2Fupload%2Fdoc%2Finades_doc_306_zzQzWLzx.pdf; y de GRAIN, “Adquisiciones de tierra agrícola fallidas: un creciente legado de desastre y dolor,” 6 junio de 2018: https://grain.org/es/article/5959-adquisiciones-de-tierra-agricola-fallidas-un-creciente-legado-de-desastre-y-dolor
[7] http://www.ins.ci/n/templates/docss/ancomext.pdf


Estas estrategias de bajar los aranceles para las compañías que inviertan en la producción local de arroz han logrado poco para frenar las importaciones y han resultado en una lista escandalosamente larga de proyectos corporativos de cultivo de arroz que fracasaron en los últimos años. Los proyectos gastaron millones de dólares de los fondos públicos y despojaron a los campesinos africanos de la tierra y el agua necesarias para producir alimentos. Debilitaron, en lugar de apoyar, las promesas de los gobiernos de África de reducir el déficit de arroz.[15]

Mali es el único país de África Occidental que ha logrado sus objetivos de autosuficiencia en arroz, pero esto se logró pese a las acciones de las grandes empresas. Todos los proyectos corporativos de arroz anunciados en Mali, después de la crisis de 2007-2008 fracasaron.[16] El camino seguido por Mali para la autosuficiencia, solamente se logró gracias a la lucha política y el trabajo duro de sus pequeños agricultores productores de arroz. Aprovecharon la crisis del arroz de los años 2007 – 2008 para establecer una plataforma nacional del arroz dirigida por los campesinos productores de arroz, quienes presionaron al gobierno para tomar medidas para restringir las importaciones y apoyar a que los agricultores aumentaran la producción doméstica, principalmente al asegurar el acceso de los pequeños agricultores a la tierra y al agua, logrando que el gobierno comprara el arroz local para sus reservas nacionales de arroz. Los productores de arroz también se agruparon con pequeños molinos, comerciantes, transportistas y otros actores locales involucrados en los mercados locales del arroz, educando a los consumidores sobre los beneficios del arroz local y llevaron a cabo una lucha constante por evitar que se volvieran a abrir las puertas de las importaciones a las grandes compañías comercializadoras.[17]

Campesina y vendedora ambulante
en Kumasi, Ghana. Foto: GRAIN
Egipto es otro país africano autosuficiente en arroz, pero con una historia mucho más larga. Al momento de la crisis del aumento de los precios del arroz entre 2007 y 2008, Egipto, en realidad, estaba exportando volúmenes significativos. La mayor parte del arroz del país es comprado por el programa nacional de subsidio de alimentos, que entrega alimentos básicos rebajados a unos dos tercios de los hogares del país. Cuando subieron los precios internacionales de los alimentos en 2007- 2008, el precio del pan se disparó porque Egipto es uno de los principales importadores de trigo del mundo, pero el gobierno fue capaz de contrarrestar este brusco aumento del precio del pan, bloqueando las exportaciones de arroz con lo que mantuvo a la población abastecida con arroz local barato, a pesar de los esfuerzos de los comercializadores de granos para mantener abiertos sus canales de exportación.[18]

Lo que destaca en las historias de autosuficiencia de arroz en Egipto y Mali es el rol marginal de las grandes empresas agroindustriales y productoras de alimentos. Aquí, los principales actores son los pequeños agricultores y, en el caso de Mali, fue la amplia red de pequeños comercializadores y vendedores minoristas, o, en el caso de Egipto, un sistema distribución y compra por parte del Estado. Ambos gobiernos regularon también el comercio, por lo que las grandes compañías no pudieron determinar la agenda en las políticas del arroz.[19] Esto demuestra que la autosuficiencia alimentaria se logra mediante el apoyo gubernamental a la producción local, no a través de las corporaciones de los agronegocios y el comercio internacional.

Éstas son formas simples y de bajo costo que los gobiernos africanos pueden implementar para apoyar a sus productores de alimentos y proporcionar alimentos de alta calidad producidos localmente a su población sin tener que depender de donantes extranjeros. Y sin embargo muchos gobiernos de África siguen totalmente centrados en apoyar a las corporaciones de los agronegocios. No sólo le brindan a estas compañías reducciones de impuestos y regulaciones y políticas pro-corporativas, sino que también le han entregado las tierras más fértiles y las fuentes de agua más importantes de sus países.

Es increíble que ante la crisis climática y el aumento de la población, los gobiernos africanos, durante los últimos diez años, hayan entregado más de diez millones de hectáreas de tierras fértiles a las empresas extranjeras para producir alimentos para exportar. Estos acaparamientos de tierra a gran escala fueron realizados sin consultar a las comunidades rurales que viven en esas tierras. Les privaron del acceso a la tierra, a los bosques y a las fuentes de agua que necesitan ahora y en el futuro para alimentar a sus comunidades y abastecer los mercados locales.[20]

Las semillas comerciales no son el remedio contra el cambio climático

De igual manera, cuando se trata de las semillas, los gobiernos africanos han estado los últimos veinte años cumpliendo las exigencias de las grandes empresas de semillas para transformar sus leyes y regulaciones en favor de las corporaciones, bajo una fuerte presión del Banco Mundial, los gobiernos extranjeros y los principales donantes, como la Fundación Bill & Melinda Gates. La justificación siempre fue que estos cambios incentivarían la inversión privada en fitomejoramiento en el continente y proporcionarían a los agricultores semillas mejoradas. Pero esta inversión no está ocurriendo. En cambio, los fitomejoradores disminuyen, incluso en algunos de los mayores mercados de semillas de África y la gran mayoría de fitomejoradores africanos aún trabajan en el sector público. Además, el sector privado se concentra casi exclusivamente en el mejoramiento vegetal de los cultivos híbridos altamente rentables como el maíz y raramente está presente cuando se trata de los cultivos tradicionales importantes para la alimentación, que son más resilientes al cambio climático, como el mijo.[21] Mientras tanto, los cambios legales y regulatorios que los gobiernos han implementado para las empresas semilleras dañan y criminalizan el dinámico e innovador sistema de semillas de los campesinos africanos, que continua representando 80% del suministro de semillas en África.[22]

Malaui nos da una dolorosa lección de por qué los programas para aumentar la producción de alimentos locales junto con las empresas semilleras no funciona. Hace un poco más de diez años, Malaui lanzó un programa nacional para distribuir con subsidios semillas de maíz y fertilizantes a sus agricultores. Inicialmente el programa se centró en variedades desarrolladas por investigadores nacionales. Pero luego, después de mucha presión por parte del gobierno estadounidense y el Banco Mundial, el programa se concentró en el maíz híbrido vendido por Monsanto y por Seed Co., una empresa de Zimbabue. Lo primero que hizo Monsanto cuando entró al país fue comprar la compañía nacional de semillas que había desarrollado variedades de maíz de polinización abierta e híbridas adaptadas a los agroecosistemas locales. Monsanto sacó las variedades locales de circulación y en su lugar promovió sus propias variedades patentadas, aun cuando algunas de las variedades locales eran mucho más productivas que sus propias semillas. A lo largo de los años, Monsanto, en conjunto con las empresas que importan y distribuyen fertilizantes químicos, llegaron a ser los principales beneficiarios del programa de subsidio para semillas y fertilizantes. Con Monsanto en el control, los rendimientos del maíz híbrido disminuyeron, se agotaron los suelos y durante las temporadas secas y lluviosas de 2015 y 2016, el cultivo del maíz fue destruido casi completamente. En muchos lugares de todo Malaui, los campesinos vuelven ahora a las semillas de variedades locales, realizan compostaje y reintroducen cultivos tradicionales dejados atrás por los programas de subsidios, como las legumbres que mejoran la fertilidad de los suelos y los cultivos resistentes, como la mandioca y el mijo.[23]

Una visión para los sistemas alimentarios de África en una era de crisis climática

Cualquier política o programa para enfrentar con eficacia la conjunción de crisis alimentaria y climática que cae sobre África, tiene que poner énfasis en los actores principales del sistema alimentario africano. Los productores de alimentos de África (campesinos, pescadores y pastores) y los mercados locales aún proveen 80% del alimento que es producido y consumido en el continente.[24] El suministro de alimentos de África depende sobre todo de los saberes relacionados con las semillas, los animales, los suelos y la biodiversidad local que es mantenida por los pequeños productores de alimentos de África. Y el creciente número de africanos consumidores urbanos depende de los pequeños comerciantes y vendedores callejeros de alimentos. Es importante notar que la gran mayoría de estos actores del sistema alimentario africano son mujeres.[25]

Los sistemas alimentarios de África, basados mayormente en prácticas agroecológicas y circuitos reducidos, son esenciales para los sistemas verdes, de bajas emisiones y resilientes, y proporcionan una dieta que está entre las más saludables del planeta.[26] A pesar del ambiente legal que está diseñado para aplastarlos, los sistemas alimentarios africanos son también el motor económico del continente, pues brindan más medios de vida, empleo e ingresos que cualquier otro sector.[27] Por otro lado, las importaciones de alimentos son una inmensa fuga de divisas desde las escasas reservas monetarias de África (que, es necesario señalar, son generadas en su mayor parte por las ventas de combustibles fósiles).

Los sistemas alimentarios locales de África son los que sostienen hoy al continente y que los que lo pueden sostener en el futuro. La crisis climática aumentará la presión sobre estos sistemas, especialmente si las emisiones globales de gases con efecto de invernadero en otras partes del mundo no se reducen en forma significativa. Los productores africanos de alimentos tendrán que continuar adaptando sus prácticas y conocimientos para enfrentarse a un clima cambiante e impredecible. Los mercados locales tendrán que integrar reservas de emergencia y otras medidas para asegurar el acceso de las personas a los alimentos y los medios de vida durante eventos climáticos extremos como inundaciones y sequías. Estos son asuntos difíciles, pero no insuperables y ya existen muchas iniciativas inspiradoras que son implementadas en todo el continente para prepararse para el cambio climático.[28]

Es importante reconocer que la crisis climática requiere métodos de adaptación que sustenten los sistemas alimentarios de África y que sean encabezados por los pequeños productores de alimentos, y no enfoques que dependan principalmente de insumos químicos y semillas vendidas por las compañías multinacionales, como aquellas que frecuentemente son descritas como “climáticamente inteligentes” y son promovidas por programas como AGRA (La Nueva Revolución Verde en África).

La estafa de la agricultura climáticamente inteligente

La Agricultura Climáticamente Inteligente (CSA por sus siglas en inglés) ha llegado a ser una de las nuevos consignas de los gobiernos, instituciones y corporaciones cuando hablan de hacia donde se tiene que orientar la actividad agrícola en la era de crisis climática. El Banco Mundial, FAO, CGIAR y otras instituciones, todas han establecido departamentos especiales para abordar el problema y sitios en internet para informar al público. Estas agencias, junto con los gobiernos, las ONGs y el sector privado, formaron la Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente en 2015. La industria de fertilizantes fue un participante central en el lanzamiento de la Alianza, que intentó apropiarse del creciente entusiasmo por la agroecología. De los 29 miembros fundadores no gubernamentales de la Alianza, había tres grupos de cabildeo de la industria de los fertilizantes, dos de las compañías de fertilizante más grandes del mundo (Yara de Noruega y Mosaic de los Estados Unidos) y un puñado de organizaciones que trabajan directamente con las compañías de fertilizantes en programas de cambio climático.[1] Inicialmente un 60% de los miembros del sector privado de la Alianza era de la industria de los fertilizantes y hoy, aún están involucrados en el centro de su administración y de la definición de prioridades.[2]

Todos parecen tener su propio entendimiento de lo que la CSA implica. Naciones Unidas y el Banco Mundial presentan a la CSA como la forma de lograr un “triunfo triple” en sus resultados: aumento de productividad, aumento de la resiliencia y reducción de emisiones procedentes de la actividad agrícola. Subyace a esto la noción de “intensificación sustentable” fomentada por las compañías de fertilizantes como Yara, y las compañías de pesticidas y semillas como Syngenta y Bayer/Monsanto.

La imprecisión conceptual y práctica de esta nueva moda permite a todos a realizar sus propias interpretaciones y evitar los espinosos problemas como la desigualdad y el desequilibrio del poder, los impactos socioeconómicos y las inequidades de género.

En realidad, si uno revisa la literatura dominante sobre la Agricultura Climáticamente Inteligente, casi toda se orienta de manera extrema a los procesos de producción en los campos, ignorando las tremendas emisiones producidas en toda la cadena —desde la producción en el campo al consumo como alimento procesado del sistema industrial agroalimentario. Bastante reveladores son, en este contexto, los perfiles desarrollados por el CGIAR y el Banco Mundial para los países, otorgando puntajes por su nivel de “inteligencia climática”.[3] Clasifican las inmensas plantaciones de soya de Argentina como súper climáticamente inteligentes, aplauden a los agricultores de África que usan semillas mejoradas y fertilizantes químicos controlados y les dan un alto “nivel de inteligencia”, pero no analizan las prácticas agrícolas indígenas y las amenazas que enfrentan. El Plan de Acción sobre Clima 2016-2020 del Banco Mundial se compromete a planes de inversión en agricultura climáticamente inteligente, en al menos cuarenta países “con un énfasis en semillas híbridas y prácticas que capturan carbono, programas de riego de alta eficiencia/bajo uso de energía, productividad ganadera, soluciones de energía para los agronegocios y la integración de la gestión de riesgos.”[4]

Atrapada en estos discursos y planes de negocios, la Agricultura Climáticamente Inteligente no nos va a conducir en la dirección que necesitamos. Necesitamos una aproximación basada en la agroecología, que fije carbono en el suelo y produzca fertilidad, combinada con políticas que apoyen a los agricultores en pequeña escala, sus cultivos y los mercados locales, y ponga fin de las importaciones subsidiadas a África.

[1] Para más información sobre los orígenes de “agricultura climáticamente inteligente” ver GRAIN, “The Exxons of agriculture”, 30 septiembre de 2015: https://www.grain.org/es/article/5276-las-exxons-de-la-agricultura
[2] CIDSE, “Climate-smart revolution … or green washing 2.0?”, mayo 2015: http://www.cidse.org/publications/just-food/food-and-climate/climate-smart-revolution-or-a-new-era-of-green-washing-2.html
[3] Ver CGIAR/Worldbank/USAID: CSA Country Profiles: https://ccafs.cgiar.org/publications/csa-country-profiles
[4] World Bank Group, Climate change action plan 2016-2020. Washington, 2016.


También es crucial reconocer que la adaptación es un asunto secundario. No debe tener la sobredimensionada atención que recibe en los círculos gubernamentales, cuando el cambio climático y los sistemas alimentarios de África son parte de la agenda. La manera más importante y efectiva para proteger a los sistemas alimentarios de África del calentamiento global es detener las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Dado que África, como un todo, contribuye menos de un 4% a las emisiones globales, esto es obviamente algo que tiene que ocurrir fuera del continente.[29] Y, debido a que el sistema de producción industrial de alimentos está asociado con por lo menos la mitad de todas las emisiones globales, y es la causa principal del colapso de las especies, deforestación y destrucción del hábitat a nivel mundial, esta reducción tiene que involucrar una completa transformación del sistema alimentario global.[30]

Una acción significativa por el clima en los países industrializados significa el fin de la producción excedentaria de materias primas agrícolas subsidiadas que son botadas en África. Una acción significativa por el clima en África significa poner fin a las importaciones de estos excedentes de materias primas agrícolas. Dos acciones van de la mano: una solución en el Norte y soberanía alimentaria en el Sur.

Esta es la incómoda verdad que siempre se deja fuera de las discusiones gubernamentales de alto nivel y de los procesos legislativos. El informe de este año del Grupo de Trabajo sobre África Rural de la Comisión Europea, por ejemplo, está lleno de discusiones sobre cómo ayudar a los agricultores africanos a adaptarse al cambio climático, pero no mencionan cómo las exportaciones y las emisiones de gases con efecto de invernadero producidas por el sistema alimentario europeo deteriora la producción de alimentos de África y su capacidad para capear la crisis climática. (Ver recuadro: El caso de los lácteos).[31] Es políticamente más ventajoso decirle qué hacer a los pequeños agricultores de África (“no practiquen la agricultura de tala y quema”, “usen semillas OMG, climáticamente inteligentes”) que enfrentar las masivas emisiones producidas por las grandes corporaciones agroindustriales y productoras de alimentos y en sus propios países.

El caso de los lácteos

Veinte compañías lácteas de Europa, Norte América, Asia y Nueva Zelanda procesan 25% de toda la leche producida en el mundo y dominan el comercio global de los lácteos.[1] Estas compañías, en conjunto, son responsables de emisiones de gases con efecto de invernadero mayores que Nigeria, la mayor economía de África.[2]

Muchas de estas compañías tiene su base en Europa, donde se producen más lácteos que en cualquier otro país del mundo (cerca del 30% del total global). Durante la década pasada, en lugar de reducir la producción de lácteos, alineándose con el compromiso de Europa de reducir la emisión de gases con efecto de invernadero, las compañías lácteas de Europa han ido aumentando su producción. Dado que el consumo en Europa está estancado, una proporción creciente de su producción es enviada al extranjero, como leche en polvo.

África se ha convertido en un importante vertedero para el excedente de leche en polvo de Europa, altamente subsidiado, especialmente en la forma de leche en polvo alta en grasa adicionada, leche descremada en polvo que es reconstituida con aceites vegetales baratos, como el aceite de palma. África representa actualmente más de un tercio de las exportaciones europeas de leche en polvo con grasa adicionada y este producto de baja calidad ha inundado los mercados lácteos de África, causando estragos en las lecherías y los productores de leche locales.[3]

En conformidad con sus compromisos climáticos, Europa tiene que reducir su consumo y producción de lácteos (y encontrar una forma de hacerlo de manera que proteja a los pequeños productores y procesadores de leche). No puede simplemente exportar su problema. Y, de esta manera, el creciente consumo de lácteos en África, que aún está bastante más abajo que el promedio per cápita global, pueda ser abastecido por los agricultores lecheros y procesadores en pequeña escala de África.

[1] IFCN Top 20 Milk Processors List 2018: https://ifcndairy.org/wp-content/uploads/2018/09/Press-Information_EN_-Top20_2018.pdf
[2] GRAIN y IATP calculan que las 12 principales compañías lácteas produjeron 274 TM de emisiones de CO2 en 2017. Cuando se incluyen las siguientes ocho compañías el total fácilmente sobrepasaría las emisiones de gases con efecto de invernadero de Nigeria, las que fueron 304 TM de CO2 en 2017. Ver documento de GRAIN y IATP, “Emisiones imposibles: Cómo están calentando el planeta las grandes empresas de carne y lácteos”, 18 de julio de 2018: https://grain.org/es/article/6010-emisiones-imposibles-como-estan-calentando-el-planeta-las-grandes-empresas-de-carne-y-lacteos y https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_greenhouse_gas_emissions
[3] Fanny Pigeaud, “L’Afrique de l’Ouest consomme de plus en plus de «faux lait» européen”, Mediapart, 3 de junio de 2019: https://www.mediapart.fr/journal/international/030619/l-afrique-de-l-ouest-consomme-de-plus-en-plus-de-faux-lait-europeen


La mayoría de los gobiernos de África son, desafortunadamente, parte del mismo coro. En vez de resistir, facilitan la integración de África a las cadenas de suministro de las corporaciones globales agroindustriales y productoras de alimentos: mantienen sus fronteras abiertas a la importación subsidiada de materias primas agrícolas excedentarias y alimentos ultraprocesados y criminalizan las prácticas de los pequeños comerciantes y los campesinos.[32] Existen algunas excepciones esperanzadoras, como en Burkina Faso donde, recientemente, el gobierno emitió un decreto requiriendo a las instituciones públicas, como comedores escolares, adquirir solamente alimentos producidos localmente.[33] Pero se necesita una reorientación de las políticas públicas, más profunda y completa, por parte de los gobiernos africanos, para facilitar y apoyar la necesaria transición hacia la soberanía. En la Tabla anexa (Buen clima-mal clima), ofrecemos algunos ejemplo de lo que esto podría significar.

En la situación actual, los actores del sistema alimentario africano —pastores, carniceros, agricultores y comerciantes de los mercados al aire libre, los pequeños pescadores y los vendedores ambulantes de comida callejera, los jornaleros y las mujeres que preparan la comida en casa— tendrán que asumir el asunto en sus propias manos. Necesitan unirse, apoyados por los movimientos en pos de justicia climática, para construir e implementar una visión que responda a la crisis climática y a la crisis alimentaria que enfrenta África.

Este proceso ya está en marcha. En años recientes los movimientos sociales del África rural se están articulando en torno a un número de demandas y principios que sirven de base para una visión sobre los sistemas alimentarios africanos en una era de crisis climática.

El Manifiesto Campesino de Nyéléni, por ejemplo, que fue adoptado por numerosas organizaciones nacionales y regionales de campesinos y pescadores en 2017, muestro un camino claro hacia la soberanía alimentaria y la resiliencia climática. [34] Esta visión ya se está poniendo en práctica en diferentes regiones africanas, desde campañas para comer alimentos de origen local hasta las luchas contra el acaparamiento de tierras por parte de las corporaciones o las luchas contra la entrada de las cadenas transnacionales de supermercados. Estas acciones interconectadas se requieren de inmediato para romper la dependencia de África frente a los alimentos importados, avanzar en la soberanía alimentaria y, al hacerlo, enfrentar de modo efectivo la crisis climática.

GRAIN desea agradecer a Andrew Adern, Nyoni Ndabezinhle, Mariann Bassey, Mamadoou Goïta y David Calleb Otieno por sus aportes a este informe.

Descargas

____________________________________________

[1] United Nations, “Population 2030: Demographic challenges and opportunities for sustainable development planning”, 2015: https://www.un.org/en/development/desa/population/publications/pdf/trends/Population2030.pdf
[2] UNEP, “Africa’s Adaptation Gap: Climate-change impacts, adaptation challenges and costs for Africa”, noviembre de 2013: https://climateanalytics.org/publications/2013/africas-adaptation-gap-climate-change-impacts-adaptation-challenges-and-costs-for-ica/afr
[3] AfDB, “Feed Africa Strategy”, https://www.afdb.org/fileadmin/uploads/afdb/Documents/Policy-Documents/Feed_Africa-Strategy-En.pdf
[4] Richard Munang y Jesica Andrews, “L’Afrique face au changement climatique”, AfriqueRenouveau, 2014: https://www.un.org/africarenewal/fr/magazine/%C3%A9dition-sp%C3%A9ciale-agriculture-2014/l%E2%80%99afrique-face-au-changement-climatique
[5] Reuters, “Kenyan police fire tear gas at food protesters”, julio de 2011: https://gulfnews.com/world/oceania/kenyan-police-fire-tear-gas-at-food-protesters-1.835117
[6] Michelle Tigchelaar et al. “Future warming increases probability of globally synchronized maize production shocks,” PNAS, mayo de 2018: https://www.pnas.org/content/pnas/115/26/6644.full.pdf
[7] Manitra A. Rakotoarisoa, Massimo Iafrate y Marianna Paschali, “Why has Africa become a net food importer?”, FAO, 2011: http://www.fao.org/3/a-i2497e.pdf
[8] Ibidem.
[9] NEPAD, “Comprehensive Africa Agriculture Development Programme”, noviembre de 2002: http://www.fao.org/3/y6831e/y6831e00.htm#TopOfPage
[10] Ver la Declaración de Maputo: https://www.nepad.org/caadp/publication/au-2003-maputo-declaration-agriculture-and-food-security; y de NEPAD, “Comprehensive Africa Agriculture Development Programme”, noviembre de 2002: http://www.fao.org/3/y6831e/y6831e00.htm#TopOfPage
[11] A 2010 sólo ocho gobiernos africanos habían logrado el compromiso del 10% y, como lo señala ActionAid, el énfasis político estuvo abrumadoramente en el apoyo a los agronegocios, no en la real necesidad de los agricultores de África. Ver ActionAid, “Fair shares: is CAADP working?” mayo de 2013:
[12] África no estuvo sola en el resurgimiento del interés en la autosuficiencia de alimentos. Ver Jennifer Clapp, “Food self-sufficiency: Making sense of it, and when it makes sense”, Food Policy, enero de 2017: 
[13] GRAIN, “Colonialism's new clothes: The EU’s Economic Partnership Agreements with Africa”, 21 de agosto de 2017: https://grain.org/e/5777
[14] Ver, por ejemplo, Laurence Caramel, “Pourquoi la France s’est retirée de la Nouvelle Alliance pour la sécurité alimentaire”, diciembre de 2018: https://www.farmlandgrab.org/27856 (también disponible e inglés: 
[15] Ver GRAIN, Tabla 2. Failed corporate rice farms in Africa https://docs.google.com/spreadsheets/d/1c0x2r33elFyAchroFP7ls0XwQd_8R1eBc1NMdI9JI88/edit?usp=sharing
[16] Ver Florence Brondeau. “The Office du Niger: an Agropole project for food security in Mali?”, Cybergeo : Revue européenne de géographie / European journal of geography, UMR 8504: 
https://hal.archives-ouvertes.fr/hal-01925413/document
[17] Conversación con Mamadou Goïta, mayo de 2019.
[18] Ahmed Farouk Ghoneim, “The Political Economy of Food Price Policy in Egypt”, 2014: DOI:10.1093/acprof:oso/9780198718574.003.0012
[19] Nótese, sin embargo, que en 2018, el gobierno del presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi redujo el área asignada a la producción nacional de arroz en más de la mitad y luego aprobó la importación de arroz. Ver: Eric Knecht y Maha El Dahan, “Egypt's rice farmers see rough times downstream of new Nile mega-dam”, Reuters, abril de 2018:
https://www.reuters.com/article/us-egypt-rice-insight/egypts-rice-farmers-see-rough-times-downstream-of-new-nile-mega-dam-idUSKBN1HU1O0
[20] GRAIN, “El acaparamiento global de tierras en el 2016: sigue creciendo y sigue siendo malo”, junio de 2016: https://www.grain.org/es/article/5607-el-acaparamiento-global-de-tierras-en-el-2016-sigue-creciendo-y-sigue-siendo-malo
[21] Ver los diversos informes de países del The African Seed Access Index: https://tasai.org/publications/.
[22] Ver GRAIN y AFSA, “Los verdaderos productores de semillas” septiembre 2018: https://www.grain.org/es/article/6046-los-verdaderos-productores-de-semillas y GRAIN y AFSA, “Land and seed laws under attack: Who is pushing changes in Africa?”, enero de 2015: https://www.grain.org/article/entries/5121-land-and-seed-laws-under-attack-who-is-pushing-changes-in-africa
[23] Para más información y un fascinante relato sobre el programa de subsidios de Malaui más la respuesta de los agricultores, ver: Timothy A. Wise, Eating Tomorrow: Agribusiness, Family Farmers, and the Battle for the Future of Food, 2019: 
[24] FAO, “Smallholders and family farmers”, 2012: http://www.fao.org/fileadmin/templates/nr/sustainability_pathways/docs/Factsheet_SMALLHOLDERS.pdf
[25] GRAIN, “Supermarkets out! Food systems are doing just fine without them”, noviembre, 2018: https://grain.org/e/6087
[26] Bee Wilson, “Good enough to eat? The toxic truth about modern food”, The Guardian, marzo 2019: https://www.theguardian.com/books/2019/mar/16/snack-attacks-the-toxic-truth-about-the-way-we-eat
[27] GRAIN, “Supermarkets out! Food systems are doing just fine without them,” noviembre de 2018: https://grain.org/e/6087
[28] LVC-SEAf y Afrika Kontakt, “Peasant agroecology achieves climate justice: a primer”, mayo de 2018: https://viacampesina.org/en/wp-content/uploads/sites/2/2018/05/primer_english_print.pdf
[29] Intergovernmental Panel on Climate Change (2014) Climate Change 2014: Impacts, Adaptation, and Vulnerability.
[30] Sobre la pérdida de biodiversidad y deforestación, ver Greenpeace, “Countdown to extinction: What will it take to get companies to act?”, junio de 2019: https://storage.googleapis.com/planet4-international-stateless/2019/06/2beb7b30-gp_countdown_to_extinction_2019.pdf. Sobre emisiones de gases de invernadero ver GRAIN, “Alimentos y cambio climático: el eslabón olvidado,” 28 septiembre de 2011: https://www.grain.org/es/article/4364-alimentos-y-cambio-climatico-el-eslabon-olvidado
[31] EC's Task Force Rural Africa, “An Africa-Europe agenda for rural transformation”, marzo 2019: https://ec.europa.eu/info/sites/info/files/food-farming-fisheries/farming/documents/report-tfra_mar2019_en.pdf
[32] Un ejemplo son las Regulaciones sobre Cultivos (Cultivos Comestibles) del gobierno de Kenia. Ver Graham Kajilwa y Michael Chepkwony, “Farmers, traders at a loss as State moots punitive rules”, marzo 2019:
[33] Ver ROPPA et al, “La bataille de consommer local en Afrique de l'Ouest”, enero de 2019: https://www.alimenterre.org/system/files/2019-01/batailles-consommer-local-pp-bd.pdf
[34] Ver https://africaconvergence.net/IMG/pdf/nyeleni_manifesto_of_peasant_agroecology_-_en.pdf


Fuente: GRAIN
Licencia: Copia/distribución

No hay comentarios:

Publicar un comentario