sábado, 12 de octubre de 2019

Paraguay: “Partimos de la soberanía alimentaria para llegar a la agroecología”

Comunidad de Cajamarca, Colombia. We Feed the World. Foto: Federico Pardo
by Marielle Palau (Base-IS) | Biodiversidad

En el marco del avance cada vez más violento del agronegocio y sus terribles consecuencias para la vida misma, la agroecología ha ido ganando terreno. Ya no son sólo las organizaciones campesinas que la promueven; existen cada vez más sectores que reconocen que esta forma de relacionarse con la tierra para el cultivo y el consumo de alimentos es la alternativa a la que debemos apostar. Hoy está en disputa entre sectores que la plantean simplemente como un nuevo nicho de mercado y aquellas que la comprenden como parte de la soberanía alimentaria. Escribimos compartiendo la visión de dos organizaciones campesinas paraguayas integrantes de la CLOC-Vía Campesina respecto a sus visiones sobre las agroecología, los avances dados y los desafíos pendientes.

En Paraguay el avance de los agronegocios en los últimos años ocurre a costa de la expulsión campesina e indígena de sus territorios, a tal punto que sólo 6% de las tierras están cultivadas por campesinas y campesinos.

Muchas son las comunidades que continúan resistiendo, pese a las múltiples estrategias del sistema para despejar los campos de sus habitantes. Algunas de ellas impulsan iniciativas agroecológicas de construcción de soberanía alimentaria.

Marta Figueredo, integrante de la coordinación de la Organización de Lucha por la Tierra,[1] considera que “si hablamos de la soberanía alimentaria, hablamos de la semilla, de la recuperación de ésta, del suelo, de todo lo que se relaciona en la naturaleza.

Nosotros partimos de la soberanía alimentaria para llegar a la agroecología”. La soberanía alimentaria, tal como lo señala Alicia Amarilla —integrante de la dirección de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Conamuri) [2] — “es un principio campesino, si hablamos de soberanía estamos hablando de soberanía territorial. Si uno va a hacer producción agroecológica y los territorios de alrededor son sojales, es un sinsentido. Necesariamente hay que luchar por detener eso, hay que luchar por el territorio a través de diversas formas: movilizaciones, ordenanzas municipales y demás; es un frente de lucha contra los grandes acumuladores de tierras”.

Marta señala, “si hablamos de la soberanía alimentaria, hablamos de comida sana, de lo que nosotros comemos y lo que nosotros producimos. Pero la agroecología es más profunda, para muchos es un poco difícil pero no imposible. Creo que si vamos a hablar de soberanía alimentaria, tenemos que relacionarlo, de lo contrario no vamos a concretar el proyecto que finalmente va a cambiar la vida del campo, que por el momento está muy desgastada”.

Alicia indicó que “hablar de agroecología es hablar de soberanía de las semillas, de la tierra, de los seres humanos, es decir, es una lucha gigantesca. Por eso nosotras decimos que la lucha y la identidad con y por un territorio es fundamental. Hoy la lucha por la tierra no es sólo la lucha por recuperar parcelas sino una lucha por nuestro territorio, por nuestro lugar de vida. Es importante mencionar el papel de la semilla ya que hay un continuo avance del modelo productivo para apropiarse, patentar y privatizarla, modificando la ley de semillas que establece la protección a las semillas nativas. Posterior a esto ya no podríamos hacer intercambios de semillas”.

Desde la OLT, consideran que los planteamientos “agroecológicos” desde la lógica de mercado son “como si se quisiera tapar el sol con un dedo. Dicen contrarrestar lo que ellos están haciendo con nuestras tierras, porque la mayor parte de ellos producen utilizando venenos indiscriminadamente. El proyecto que nosotros trabajamos es totalmente diferente, pues es para que nosotros campesinos y campesinas, familias podamos vivir mejor, no enfocados exclusivamente en el comercio, sino para vivir dignamente”, señaló Marta.

Alicia explica que “la práctica campesina de cultivar, es plantar diversificadamente, sin monoproducción ni acumulación de tierras. La “agroecología” capitalista tal vez hable de cambiar la producción de soja por la producción orgánica, pero a gran escala. Entonces es muy distinta a la práctica campesina. Ellos plantean un simple cambio de nombre. Para nosotras, todo es muy diferente, pues somos clases campesinas e indígenas, tenemos nuestra cultura, nuestra forma de vida y alimentación, nuestra forma de pensar, nuestros saberes en cuanto a semillas, a las forma de plantar, a la medicina natural que históricamente nuestra gente ha guardado y que hoy día conocemos tanto en el campo como en la ciudad”.

Las comunidades campesinas siempre fueron agroecológicas, aunque no se las llamaba así, señaló Alicia, indicando que “las prácticas productivas que en Paraguay se tuvieron hasta hace poco siempre fueron agroecológicas.

Si uno va a la chacra de un campesino encuentra un pequeño bosque, plantación de cebolla, naranja, piña, maíz, mandioca, de todo, una diversidad inmensa. Después se instaló el monocultivo y la lógica de que todo tiene que ser un solo producto, para el mercado”.

Comunidad de Cajamarca, Colombia. We Feed the World. Foto: Federico Pardo

Fue con la Revolución Verde en la década del 60 cuando en Paraguay desde el Estado se lleva adelante una verdadera colonización de comunidades campesinas mediante programas de extensión agraria incentivando a abandonar sus prácticas tradicionales y a sumarse a la lógica del “progreso y la productividad”. Estas políticas estuvieron orientadas a los campesinos —quienes en la lógica capitalista y patriarcal eran los únicos productores. Esto explica que las mujeres estando excluidas de estos programas, sean hoy, principalmente, las poseedoras de estos conocimientos y prácticas —hoy llamados agroecológicos. Desde la OLT se están recuperando estas prácticas y conocimientos en diversos departamentos del país, trabajando con modelos locales agroecológicos y con familias que llevan a la práctica una producción agroecológica.

En la organización hay espacios de formación en agroecología, entendiendo que “la forma fundamental de expandir la agroecología es con el ejemplo de la práctica”.

La agroecología tiene un rol político central desde la visión de esta organización, pues consideran que “resistir en el campo hoy día será difícil si no producimos alimentos para esa resistencia. Si no producimos estamos amenazados de desaparecer, así es que hay que generar para nuestro sustento. Quienes producimos estos alimentos somos quienes actualmente seguimos en el campo, porque la mayoría de los que ahora ya no están, son los que fueron desposeídos de sus tierras, los que fueron invadidos por el agronegocio. El proyecto del agronegocio es hacer desaparecer al campesinado”. Marta dijo: “si no empezamos a producir agroecológicamente, creo que estamos amenazados a desaparecer los que nos quedamos todavía en el campo, porque si miramos hoy la cifra de población campesina del país, veremos que es mucho menos que antes.

Si no empezamos a recuperar, a plantar plantas nativas, plantas medicinales a recuperar nuestro sustento con semillas nativas, semillas criollas —que en muchas partes ya se perdieron—, la cría de animales menores, me parece que vamos a desaparecer de a poco. Si seguimos el proyecto que nos ofrecen los agronegocios, los latifundistas, el modelo extractivista, vamos a dejar todos el campo. Por eso, producimos para resistir y para no depender; eso es lo importante y eso es lo que la agroecología nos ofrece: no depender”. Marta relató que en el congreso de la OLT del año pasado “se instaló el proyecto agroecológico que vamos a trabajar, a poner en debate. Porque la mayoría de los militantes no manejan la agroecología, sólo lo manejan quienes fueron a estudiar ese tema”.

Consideran que es urgente ofrecer una alternativa a la propuesta de los agronegocios que muchas veces ante el propio campesinado se presenta como una alternativa, por ello plantean urgente poner en práctica una propuesta real “para contrarrestar los agroquímicos que la gente utiliza en sus productos. Al final no es solamente la destrucción de la naturaleza por el agronegocio lo que afecta, sino la utilización de agroquímicos por las mismas familias campesinas. Ese llamado ‘paquete tecnológico’ es lo que la gente sigue utilizando en sus plantaciones, y para contrarrestar nosotros tenemos que trabajar también de nuestra parte y allí son nuestros compañeros y compañeras las que van a trabajar”.

Reconocen que no es tarea fácil. Marta relató: “es muy preocupante la situación; acá en la colonia vine hace ocho años, me instalé y desde el principio no estaba de acuerdo en la manera en que la gente producía, porque 80% o más produce con veneno.

Pero en ese momento no teníamos cómo demostrarles. Porque si nuestros productos no tienen buen mercado no son atractivos para los productores. Hoy ya vimos el resultado, hay personas con tumores y demás enfermedades. Y mientras nosotros hacemos lo que podemos, producimos nuestros alimentos y nuestros cultivos de renta también, dando siempre más importancia al sustento, al ‘autoconsumo’. Desde allí nos dimos cuenta que la mejor forma de que más personas se sumen al proyecto, es dando el ejemplo”.

Alicia recuerda que en 2010 “fundamos Semillaroga (la casa de las semillas) y desde allí comenzamos la campaña por la agroecología y nos dimos cuenta de la importancia de rescatar los saberes. Para nosotras el intercambio de semillas que hacemos —más allá de las semillas— es un intercambio de saberes. Las compañeras indígenas aportan mucho ya que tienen muchos conocimientos, ellas están también lucha por rescatar lo que se está perdiendo. Dignificar el conocimiento popular significa mucho.

La gente se da cuenta que realmente conocía muchas cosas, que su conocimiento era algo demasiado grande y en la importancia de luchar y defenderlo. Se avanza muy rápido con las mujeres, pero la contradicción está dentro de la casa, con su marido, con sus hijos. Los hombres están en otro modelo y las mujeres ya en nuevas prácticas. Por eso en nuestra escuela agroecológica hay hombres también, para que los hijos de nuestras compañeras comprendan el objetivo y porqué se está luchando”.

Las experiencias de la OLT evidencian que quienes llevan adelante prácticas agroecológicas han logrado recuperar la calidad de suelo y “mantener viva la naturaleza que hay en ellas”. Indicando que “si miramos desde una perspectiva de competencia de mercado, no hay posibilidad ni garantía que un campesino pueda obtener una retribución justa por sus productos, pero si pensamos en nuestra vida, en nuestra resistencia, vamos a entender la importancia que tiene la agroecología para nosotras y nosotros”.

Una de las principales tareas que desde la OLT llevan adelante es recuperar las semillas “mediante ferias distritales, departamentales, nacionales. Recuperamos muchas semillas que pensábamos ya no existían, el cuidado de la diversidad de las semillas está en manos de las familias campesinas organizadas. Eso es importantísimo para nosotros y nosotras para la resistencia del campesinado en el campo, ya que el agronegocio se apropia de las semillas y deja al campesinado sin posibilidad de producción autónoma. La mayoría de la gente que no está organizada no tienen semillas y es dependiente del mercado”.

Además de producir en sus fincas, la gente de Conamuri produce la yerba mate Oñoirú (Compañeros) que se comercializa en diferentes puntos del país, impulsa “Semillaroga” y la escuela agroecológica. También promueven ferias locales de productos, aunque reconocen que existen dificultades para la comercialización conjunta, por las dificultades de transporte y los bajos precios en general.

Los desafíos para la agroecología son grandes y muchos. Alicia plantea: “la agroecología es lenta y los medios de comunicación difunden las ideas del agronegocio, en favor de las semillas transgénicas. Tenemos que mostrar que hay otra forma de producir, pero eso lleva dos o tres años para que una finca esté bien preparada. Lo primero es que recuperar el suelo casi nadie lo lleva a la práctica, quemazón es lo más rápido. Entonces esto tiene su proceso. El frente de lucha contra el agronegocio es demasiado grande. Hay pequeños avances en cuanto al espacio que va ganando la comida orgánica en el mercado, hay mucha gente que quiere consumir productos agroecológicos, lo que es nuestro realmente. En eso avanzamos frente al agronegocio, la gente no quiere consumir los productos transgénicos. Existen buenas posibilidades de generar esa conciencia del lado del productor y el consumidor, necesaria para que la producción familiar campesina tenga recepción en un mercado seguro y consciente. No es una lucha por mercado sino una lucha ideológica. Que las ferias puedan generar muchos contactos con los consumidores”. Desde Conamuri, consideran que “un debate que tenemos y que todavía no pudimos saldar es que no pueden ser más costosos los productos por ser agroecológicos.

No podemos dar de comer sólo a los que puedan pagar, a los más pudientes. Y que los pobres queden comiendo a diario la comida chatarra que produce el capitalismo. A eso todavía no hemos podido llegar. Entonces se produce para la gente que tiene más dinero. Ése es un debate fuerte que tenemos en las organizaciones campesinas y sociales.

Eso está instalado en el imaginario: si es orgánico tiene que ser más costoso y monta todo un discurso de justificación. Para nosotras no debería ser así, La producción agroecológica campesina no puede ser más costosa que los productos de mercado”. Marta expresa: “los medios naturales que anteriormente abundaban, ahora ya casi no existen.

Los bosque y seres vivos que antes servían como capa para nuestro planeta, disminuyeron gigantescamente y es muy preocupante. La única forma de recuperarlos es con el enfoque agroecológico. La gente está acostumbrada a producir con el paquete tecnológico y eso desgasta y empobrece la tierra. Tenemos que hacer entender a la gente que no es suficiente hablar de agroecología. Hay que pasar de la teoría a la práctica, empezar desde abajo y de a poco lograr poner en práctica estos conocimientos”.
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[1] Fundada en el año 1993
[2] Fundada en el año 1999

Fuente: GRAIN
Licencia: Copia/distribución

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