martes, 1 de octubre de 2019

Qué está mal con la biofortificación. Se impone lucha por genuinas soluciones a la malnutrición

Arroz biofortificado/ Foto: GRAIN
by GRAIN

La biofortificación busca aumentar el contenido de unos cuantos nutrientes en los cultivos mediante el fitomejoramiento, ya sea usando técnicas convencionales o de biotecnología. Pese a que existen unos cuarenta nutrientes que debemos obtener de nuestros alimentos si queremos gozar de buena salud, el foco de la investigación de los cultivos biofortificados se centra en tres: zinc, hierro y vitamina A.

Existen investigaciones en curso para desarrollar arroz, trigo, sorgo, bananas, lentejas, papas, batatas, yuca, frijoles y maíz biofortificados en África, Asia y América Latina. Parte de esta investigación la maneja el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) dividida en tres unidades: el Instituto Internacional de Investigación del Arroz, enfocándose en un arroz genéticamente modificado; el Centro Internacional de la Papa, enfocado en batata, y el programa HarvestPlus, que coordina al resto. El financiamiento viene de la Fundación Bill y Melinda Gates y del USAID, entre otros. La investigación privada la financia PepsiCo, Dupont, Bayer y Nestlé entre otros.

Quiénes proponen la biofortificación argumentan que ésta es la forma más barata de enfrentar la malnutrición: una vez que se cultiva la planta ésta puede volver a crecer una y otra vez. Con frecuencia utilizan un lenguaje engañoso para promover estos cultivos, empezando por el término “biofortificado” que sugiere que todos los otros alimentos o plantas son débiles o deficientes inherentemente.

Términos como “arroz dorado”, “súper banana”, “maíz naranja”, se utilizan para convencer a los consumidores de que las versiones biofortificadas de estas semillas o alimentos en especial son superiores a sus contrapartes no biofortificadas. Estos nombres, por no mencionar los cultivos mismos, son registrados algunas veces como propiedad intelectual aunque su uso se proponga como libre de costo o gratuito.

Hasta la fecha, se han desarrollado o liberado unas trescientas variedades de cultivos biofortificados en todo el mundo. Aunque hasta la fecha ninguno de los liberados a los agricultores es genéticamente modificado, varios están ya en el proceso de ser liberados.

Las mujeres y los niños son el objetivo, los “beneficiarios principales” de los cultivos biofortificados. Pero lo frecuente es que las comunidades rurales y los grupos de mujeres por todo el mundo consideren que los sistemas alimentarios locales diversificados y las dietas tradicionales son la solución real a la pobreza y la malnutrición.

GRAIN y sus amigos lanzamos un llamado a la acción: invitamos a los grupos de mujeres y a las organizaciones campesinas a examinar el asunto de la biofortificación —local, regional, nacional o globalmente. Existe la suficiente información y experiencia que justifica que lancemos un boicot a todos los cultivos o alimentos biofortificados, y que lo asociemos con la exigencia de que se invierta en un enfoque diferente de la investigación agrícola basado en la agroecología, las culturas locales y la soberanía alimentaria.

Proponemos por tanto que todos los enfoques alternos para solucionar el hambre y la malnutrición estén basados en los cinco principios siguientes:

1. Compartir información y promover educación en torno a los modos de vida y las dietas que sean saludables, con un énfasis en las mujeres y la equidad de género.
2. Fortalecer los liderazgos de las mujeres en la toma de decisiones en políticas públicas y en la investigación sobre sistemas alimentarios.
3. Promover la diversidad en la agricultura y las dietas, en vez de los monocultivos y los alimentos únicos. Esto incluye valorar las plantas y los animales locales, las culturas alimentarias, las semillas y los saberes locales que sustentan la salud y mantienen fuertes a las comunidades.
4. Bajar el costo e incrementar la disponibilidad de frutas y vegetales, redirigiendo en parte los subsidios y otros fondos públicos que en la actualidad promueven las mercancías industriales y los productos comestibles procesados.
5. Resistir el acaparamiento neoliberal de la agricultura y la alimentación que trata a los alimentos y los cultivos como mercancías y propiedad intelectual patentable para facilitar las ganancias corporativas. Ir a las causas que son la raíz de la pobreza y el hambre implica que mantengamos los alimentos y la agricultura bajo control comunitario y público.

Para saber más, lea el informe completo “¿Cultivos biofortificados o biodiversidad? La lucha por verdaderas soluciones para la malnutrición está en marcha”, en

GRAIN, Pesticide Action Network Asia Pacific (PANAP), Food Sovereignty Alliance India, People's Coalition on Food Sovereignty (PCFS) African Food Sovereignty Alliance (AFSA), Eastern & Southern Africa Farmers' Forum (ESAFF) y Growth Partners Africa | julio de 2019

Fuente: GRAIN
Licencia: Copia/distribución

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