03 febrero 2020

La vida perra del Thor

El Thor de cachorro en mi
habitación
RBlanco

El Thor es un perro de raza Pitbull Terrier. Lo compró mi nieto Javi, cuando el Thor tenía aproximadamente dos meses. El problema es que su madre, mi hija, es alérgica a los perros y mi nieto lo trajo para nuestra casa, ya que él pasaba mucho tiempo con nosotros. Además, tenemos una pequeña huerta en la que el Thor podía jugar.

En casa, además del Thor tenemos un Spaniel Tibetano. En principio no hubo ningún problema entre los dos perros; el Poti -así se llama el Spaniel- se sentía el macho alfa y el Thor todavía era un cachorro. El caso que cuando el Thor tenía unos diez meses, una persona nos pidió si nos podíamos quedarnos con su perrita durante unos días. Le dijimos -más bien le dije- que sí, sin saber el problema que esa decisión iba a acarrear para el Poti y para el Thor.

En aquellos momentos el Thor era muy juguetón y quería jugar con la perra, pero el Poti comenzó a celarse, a gruñirle y, a atacar al Thor, que ya era bastante más alto que él. Cuando vinieron a recoger a la perra la cosa fue a peor ya que el Poti atacaba continuamente al Pitbull, que lo tomaba como un juego, hasta que el otro comenzó a hacerle heridas en las patas. Entonces mi marido decidió bajar al Thor al garaje y tenerlo atado con una cadena.

Desde entonces el Thor pasó de ser un perro muy sociable, a estar triste y apático. Cuando me lo subía mi hijo, el pobre bajaba los ojos con un gesto de tristeza que me hacía llorar.

Un día se soltó de la cadena y vino hasta casa y el Poti lo atacó en las patas mientras mi marido sujetaba al Thor. Había una perrita que dormía casi siempre con él y subió por las escaleras para defenderlo, pero el Thor creyó que era el Poti -eran casi del mismo color- y agredió a la perra. Sinceramente, pienso que no quiso matarla, porque sino lo hubiese hecho.

En otra ocasión, siempre porque el Poti lo agredía, el Pitbull le desgarró una pata, pero tampoco con la intención de matarlo. El caso es que con el tiempo, convencí a mi marido para que por las noches, sobre todo en invierno, durmiera arriba, en la habitación de mi hijo. Y así se hizo durante bastante tiempo.

Por otra parte había un perrito que cuando el Thor dormía le iba a comer su pienso. El perro, claro, cuando iba a comer, la comida le olía al otro perro. Un día, mi hijo, confiado en que le obedecía lo bajó sin la correa. Pero según bajó, el Thor salió disparado y agredió al perro que le comía su su pienso; creo que no lo agredió por eso, sino porque los que viven en la planta baja tenían una perra en celo. Y a este sí lo mató.

Los dueños -bueno la dueña-, porque el marido decía que si hacíamos una perrera ya valía; pero la dueña del perro nos obligó a llevarlo para la casa de mi hija. Cuando ya hacía más de un mes que estaba allí, le pedí a mi hijo que me llevase a verlo. Me dejó esperando en un parquecito. Cuando me vió, se abrazó a mí y así estuvo durante más de un cuarto de hora.

Mi hija se vió obligada a tapar con uralita un patio minúsculo que tiene su piso, a consecuencia de su alergia y el Thor estaba solo todo el día además de estar encerrado en un patio de 1m x 2m aproximadamente. Mi hija trabajaba y mis nietos estaban en el instituto.

Estoy segura que cualquiera que lea esto, pensará que el Thor hace honor a su raza y es un perro agresivo. Nada más lejos de la realidad. He visto perros palleiro morderle a personas, he visto perros de raza loba o pastores alemanes agredir a personas. El Thor no lo hace, te avisa -te gruñe o se acuesta en posición de ataque-. Pero no te agrede. Cuando un perro hace algo, tenemos que preguntarnos porqué lo ha hecho. Sus motivos. Un perro no es una persona, es un perro y actúa como un perro. No le podemos pedir que razone como nosotros. Si un perro le roba la comida, o le ladra desde donde no le alcanza, tenemos que pensar -nosotros- que cuando tenga oportunidad va agredir al perro cojonero. Y somos nosotros, los dueños de ambos perros los que tenemos que tomar medidas. Medidas que llevaba yo años diciéndole a mi marido que tomara. Se trataba de dividir con malla la parte de atrás y la de delante. Pero no quería.

El caso es que mi hija volvió a sentir la alergia y se puso de acuerdo con los de la planta baja, de que mi marido hiciese una perrera y a mí me pareció injusto. Sé lo que sintió la dueña del perro y de verdad que lo siento. Pero si tienes perros tienes que saber las consecuencias que puede traer tenerlos, sea un Pitbull, sea un Yorkshire, que dicho de paso son más agresivos. Sé que mi hijo tuvo culpa al dejar al Thor sin la correa, porque los perros, por muy mansos que sean son imprevisibles. Pero ya cuando pasa, tenemos que ponernos en el lugar del perro, no pedir que el perro se ponga en el lugar de un humano. Pero aprovechar para que se llevasen el perro, no por que te hubiese matado el tuyo, sino porque le tenía tirria desde que era un cachorro me parece indecente. La moraleja es, que ahora su hijo también tiene un Pitbull.

Mi marido le hizo la perrera y yo cada vez que tenía que ir a revisión a nefrología, lo veía tan triste, con el ánimo tan decaído que volví a convencer a mi marido para que en invierno volviera a dejar subirlo por la noche; una por el frío y otra porque socializara más. Cada vez que subía el Thor para la habitación de mi hijo, mi marido encerraba al Poti en su habitación.

Tiempo después le dije a mi marido que lo dejase también de día y que cerrase la parte de delante de la casa y la de atrás que nos pertenecía. La cerró. A él le siguen hablando y a mí, no.

Todo esto que he contado a ocurrido durante los cuatro años de vida que tiene el Thor, que ha sido castrado para bajarle la testosterona y que no agreda a más perros. Ha ido también a clases de adiestramiento. Pero lo peor es que hace unos tres o cuatro meses comenzó a cojear de una pata, mi marido lo llevó al veterinario y éste le hizo una radiografía y le dijo que tenía unos puntitos de artritis, pero tomaba tratamiento y cada vez iba a peor. Una noche se subió a la cama de mi hijo, se cayó de ella y se quejó y mi hijo lo llevó a una clínica que estaba de guardia y le dijeron que tenía los ligamentos de la pata rotos. Le tenían que poner una prótesis; pero cuando le hicieron una pequeña incisión, se encuentran que tenía un bultito. Le hicieron la biopsia y es cáncer. Cuando mi hijo me lo dijo fue como si me diesen mil bofetadas a la vez; comencé a llorar y no paraba.

Este viernes le tienen que amputar la pata por encima de donde dobla la pata. El veterinario le dió muchas esperanzas a mi marido porque el tumor todavía es pequeño; pero el viernes, antes de operarlo le van a hacer radiografías de todo el cuerpo por si tiene metástasis.

Quienes tengáis perros o gatos, comprenderéis el dolor que siento. El Thor es un perro, pero es una parte muy importante de la familia.
El Thor cuando fui a verlo

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